EL ÚLTIMO CHISPORROTEO DE LAS ESTRELLAS

Autor: Gordon B. White 
Publicación original: Halloween Forevermore (PseudoPod 743: Flash on the Borderlands LIV)
Año: 2015
Traducción: José Luis Huerto Aguilar

Son las personas de los pueblos pequeños que salpican el campo quienes notan primero la oscuridad en los cielos nocturnos. Una a una, las estrellas se van desvaneciendo. Cada noche, a cientos, miles o cientos de miles de años luz de distancia, se apagan más. La oscuridad invasora rueda por el horizonte como una ola glacial.

A medida que la mácula de cielo vacío crece, devorando las constelaciones, el mundo no puede mantener la calma. Primero, viene la violencia; luego, la autolesión. Pánico local; luego, parálisis global. Una a una, las redes eléctricas se apagan, las líneas de comunicación se silencian. La oscuridad se extiende sobre la Tierra, reflejada en el abismo creciente de arriba.

Aquí en Asheford, en el centro del oscurecido pueblo, los feligreses restantes se reúnen en la capilla cada noche, esperando. Desde el atardecer hasta el amanecer, el reverendo Mott se cierne alrededor del pedestal, iluminado por una única gran vela blanca. Condena a los pecadores que han traído esta plaga de sombra, acometiendo contra los vivientes, de ojos hundidos, y contra los que murieron hace tiempo.

"El infierno es real." El reverendo retuerce las manos, proyectando garras de sombra sobre su rebaño, mientras camina entre la vela y la multitud silenciosa. "Esta oscuridad es el vacío, la ausencia de la luz del Señor."

Se detiene y señala hacia un punto en la habitación. "La Bestia viene por nosotros. Un viento negro y frío procedente del espacio. El mismísimo aliento del diablo sopla las estrellas como velas."

La llama parpadea y una mujer en los bancos comienza a llorar.

Pero hay un murmullo diferente al fondo del auditorio. Un hombre se pone de pie, empuja a alguien y, luego, avanza por el pasillo hacia el reverendo Mott.

"Lo siento, pero no puedo dejarle continuar." El hombre llega a los escalones y sube al nivel de Mott. "Todo esto es superstición. Son mentiras."

El reverendo Mott se cruza de brazos y se interpone entre el hombre y el fuego. "¿Y usted qué sabe? Es la arrogancia de hombres como usted la que ha traído este viento maligno."

"En primer lugar", el hombre se ajusta las gafas, "no hay viento en el espacio, maligno o no. No hay aire en absoluto. Las estrellas no se apagan."

"¿Qué, entonces, está causando la oscuridad? ¿Qué es esto, sino el aliento del Mal y el fin del mundo?"

"Déjenme decirles." El hombre se vuelve hacia la multitud. "Soy un científico. Yo sé la verdad." Se remanga, gesticulando mientras habla. "Verán... he estudiado el universo. Lo he visto a través de telescopios en toda su grandiosidad y extrañeza. Se los juro, no hay un viento mágico; el diablo no está soplando estrellas a través de los confines del espacio."

El hombre agita las manos en señal de puntuación, lo que obliga a Mott a dar medio paso hacia atrás para mantener el equilibrio. La multitud murmura.

"No. En cambio, lo que está haciendo", el hombre se lame el pulgar y el índice, "es algo así."

Pasa junto al Reverendo Mott y pellizca la mecha de la vela, apagando la llama instantáneamente y desatando la oscuridad a través de toda la capilla.

"Pero tenía usted razón. La Bestia se acerca."

Comentario del traductor:

La ciencia y la religión están de acuerdo, por coincidencia o no, en que nuestro mundo está condenado a perecer. Incinerado por fuegos apocalípticos o congelado en la fría oscuridad de una muerte cósmica; solo es cuestión de preferencias. Nadie sale con vida de su paso por esta tierra.