Autor: Patricia Lillie
Publicación original: Vastarien: A Literary Journal, Vol. 2, Issue 3
Año: 2019
Traducción: José Luis Huerto Aguilar
Publicación original: Vastarien: A Literary Journal, Vol. 2, Issue 3
Año: 2019
Traducción: José Luis Huerto Aguilar
La muerte Papá sale en las noticias de las seis en punto. No está en los titulares; solo es una breve declaración intercalada entre un escándalo político menor y un gran divorcio de celebridades.
Su muerte no la entristece. Él no es su verdadero padre. No ha visto a sus padres biológicos desde que tenía ocho años, un mes y seis días, cuando Papá los convenció de que ella se beneficiaría de una padrectomía.
No fue difícil. Sus padres ya sabían que sus vidas se beneficiarían con una hijectomía.
* * *
La primera vez que Kathryn se despierta, gritando, sus padres se apresuran a su lado.
"Shhhhhh. Es solo una pesadilla", dice su madre.
"Nunca dejaré que nada ni nadie te lastime", dice su padre.
Kathryn no se consuela. Aunque no puede recordar el sueño, el miedo permanece con ella. Lo siente en cada fibra de su ser de seis años, ocho meses y veintiún días.
Noche tras noche, Kathryn grita. Noche tras noche, sus padres vienen corriendo.
En el segundo mes de sus terrores nocturnos, su padre dice: "Mimarla no está ayudando". Deja de acompañar a su madre en su misión de alivio nocturno.
"Shhhh, es solo una pesadilla", dice mamá. Obliga a la niña, erguida, a recostarse sobre sus almohadas, endereza las mantas y las coloca tan apretadas que Kathryn no puede moverse.
"Es real", dice Kathryn.
"Lo sé, cariño, pero se irá."
"¿Cuando?"
Su madre no responde. Kathryn no entiende la expresión de su rostro, pero reconoce las lágrimas en los ojos de mamá.
"¿Cuando?"
"Algún día", susurra su madre.
Kathryn necesita gritar, pero su garganta se cierra y aprisiona el sonido.
* * *
"Ven, Cat", dice ella. "Nos vamos a casa."
Cat no responde. Nunca lo hace.
El autobús es su mejor opción.
El dinero no es problema. Sus padres nunca son mezquinos con ella. Si así lo decidiera, podría vivir de forma espléndida. Ella elige no hacerlo, y no se atreve a gastar dinero en un boleto de avión costoso y con poca antelación.
El ahorro es una de las lecciones que aprendió en la escuela de Papá.
El tren sería más rápido, pero los trenes le desagradan. No les tiene miedo. Simplemente, sin razón particular, se siente incómoda en ellos. Si les tuviera miedo a los trenes, no tendría más remedio que tomarlos.
Enfrentar los propios temores es otra de las lecciones de Papá.
Un boleto de autobús es barato y puede caminar hasta la estación. No necesita que alguien la lleve. No necesita decirle a nadie a dónde va.
* * *
"Shhhhhh", dice mamá. "No hay nada que temer." Envuelve sus brazos alrededor de Kathryn.
Los gritos de Kathryn se intensifican. Patea. Araña. Muerde la cara de su madre y le saca sangre.
Kathryn ya no soporta que la toquen.
A la noche siguiente, nadie acude cuando ella grita.
Sus terrores nocturnos invaden sus días.
Su maestra envía notas al hogar. ¿Está todo bien en casa? Kathryn no está prestando atención en clase y ha dejado de interactuar con sus compañeros.
Es todo lo que Kathryn puede hacer para mantener el miedo adentro, hasta regresar a casa.
La niñera renuncia. "Esa niña está fuera de control", dice. "Necesitan obtener ayuda".
Los padres de Kathryn están de acuerdo.
* * *
En la estación de autobuses, ella compra un periódico local. Por lo general, lee periódicos en línea, pero siente la necesidad de algo físico. Algo a lo que aferrarse.
La cara de Papá la mira desde la página seis. Ella sabe que su muerte es digna de aparecer en las noticias nacionales. Ha evitado el Times y el Post desde que se enteró, y recién ahora se da cuenta de que él es lo suficientemente famoso como para ser mencionado por los periódicos más pequeños.
Revisa el artículo, incapaz de concentrarse en oraciones completas. Algunas frases lucen como si estuvieran impresas en tinta de neón. Pionero en el trabajo con niños trastornados... La creencia del Dr. Kasperle en la amabilidad y la compasión como agentes curativos... su confianza en la bondad innata de los niños...
La bilis le quema la garganta. No por primera vez, entiende que "verlo todo de rojo" es más que una metáfora y queda momentáneamente cegada.
"La ira es inaceptable", dice el Dr. Kasperle. “Tu ira es la razón, una de las muchas, por la que nadie te ama, excepto yo. Estás sola, excepto por mí. Si no aprendes a controlar tu ira, me perderás a mí también".
"Tranquilízate. Respira." Cat no responde cuando se le habla, pero interviene cuando se la necesita.
"Respira", dice Cat. "Respira." Su voz bloquea la de Papá.
* * *
El Dr. Kasperle se sienta detrás de su escritorio, sonriente. "Sé que esto es difícil, pero es lo mejor".
Kathryn no sonríe. La pintura en la pared, detrás del doctor, se siente como su pesadilla.
“La niña obviamente está trastornada. Yo puedo repararla, hacer que sane."
Kathryn quiere gritar, pero no cree que al Dr. Kasperle le gustará si grita.
“La separación es difícil. Comprenderá usted por qué tenemos una regla de noventa días sin contacto con los padres".
Su madre gime y se toca la cicatriz en la mejilla. Su padre está callado, pero su dedo índice no deja de golpear suavemente el brazo de la silla. Está molesto, pero no demasiado molesto. El ritmo del golpeteo es un canto fúnebre, no un baile.
"Mathilda se llevará a Kathryn y la instalará".
Con sus rizos grises y su vestido azul florido, Mathilda le recuerda a Kathryn a la abuela en uno de sus viejos libros ilustrados. Su propia abuela es alta, delgada y pelirroja. A Kathryn no le agrada mucho.
Mathilda extiende su mano.
Kathryn no la toma. Está abrumada por el aroma a cítricos y especias, un olor tan fuerte que puede sentirlo y olerlo. Sus ojos se tornan llorosos.
"No llores", dice Mathilda. “Te gustará este lugar. Lo prometo."
Los cítricos y las especias se sienten como fango, obstruyendo los oídos de Kathryn.
“Diles adiós a tus padres. Los volverás a ver pronto”, dice el Dr. Kasperle.
Su voz es distante; sus palabras, apagadas. Ella no se mueve de su silla.
"¡Kathryn! Diles adiós y ve con Mathilda." La cáustica voz del médico corta a través del fango.
Se pone de pie y sigue al vestido de flores azules a través de la bruma de cítricos y especias. No se despide. Está conteniendo la respiración y no puede hablar.
"Kathryn", llama su madre. El ritmo del tap-tap-tap de su padre cambia. Es un vals.
Kathryn no mira hacia atrás.
* * *
La cena es servida en largas mesas cubiertas con manteles nevados. Brillantes cubiertos de plata flanquean platos con bordes dorados. Dos tenedores a la izquierda. Dos cuchillos y una cuchara redonda a la derecha. Una cuchara ovalada y un tenedor yacen en forma transversal sobre los platos. Kathryn no sabe qué hacer.
Mira a los demás y, como ellos, toma la servilleta de lino doblada, la sacude y la coloca en su regazo.
Una mujer en vestido negro y delantal con ribetes de encaje coloca un tazón frente a ella.
"Gracias", dice Kathryn.
"Shhhhhhhhh". No sabe decir si el niño que se sienta su lado está regañándola o haciéndole una advertencia.
Trozos de verde, naranja y gris flotan en un caldo amarillo pálido. La sopa no es atractiva, pero es sencilla. Ella sabe qué hacer. Toma la cuchara redonda. El caldo está salado, pero Kathryn no ha comido desde el desayuno. Waffles y fresas con sus padres, hace ocho horas y treinta y siete minutos.
Kathryn mira su tazón vacío. Debajo de la mesa, el niño empuja su pie. La está ayudando. Los otros han terminado su sopa y se sientan con las manos en los regazos. Ella hace lo mismo.
Las ensaladas reemplazan los tazones de sopa. A Kathryn no le gustan los tomates. Con los dedos, quita las rodajas rojas y las coloca cuidadosamente en el borde de su plato. Cuatro pedazos. Uno a las doce en punto. Uno a las tres en punto. Uno a las seis en punto. Uno a las nueve en punto.
Debajo de la mesa, el niño la patea. A ella no le importa. Observa a los demás y, como ellos, toma el tenedor pequeño y come la ensalada del centro de su plato.
El asistente retira los platos de ensalada. Se sirve más comida. Los otros obtienen pollo, una papa al horno y un montón de vegetales. Kathryn obtiene cuatro rodajas de tomate. No se las come.
A los demás se les sirve postre, pero Kathryn tiene cuatro pedazos de tomate. Uno a las doce en punto. Uno a las tres en punto. Uno a las seis en punto. Uno a las nueve en punto.
"Necesitas escoger mejor tus batallas", susurra el niño, pero Kathryn odia los tomates.
"¡JimJim! ¡Silencio!" Mathilda observa el plato de Kathryn, sacude la cabeza y se va.
Los otros se ponen de pie y empujan sus sillas hacia la mesa. Kathryn hace lo mismo.
"Usted no", dice el Dr. Kasperle. “Solo una niña egoísta y egocéntrica desperdicia comida. ¿Eres una niña egoísta y egocéntrica?"
"No me gustan los tomates", dice Kathryn.
"Eres una niña egoísta y egocéntrica, y es por eso que tus padres te han otorgado a mí. Te sentarás allí hasta que termines tu comida."
Kathryn permanece sentada mientras el personal limpia las mesas. Permanece sentada mientras se colocan las sillas sobre las mesas y se friega el piso. Las luces se apagan y ella permanece sentada en la oscuridad. Permanece sentada hasta quedarse dormida.
Cuando Kathryn despierta, gritando, no sabe dónde está. Grita y nadie viene. El despertar es peor que su pesadilla.
"Shhhhhhhhh".
Los ojos de Kathryn se adaptan a la oscuridad. Sabe donde está. Sabe que está sola.
"Respira."
La voz es reconfortante, pero Kathryn no alcanza a ver de dónde viene. "¿Quién eres?", dice.
"Soy Cat." Cat envuelve a Kathryn en un abrazo, y a Kathryn no le molesta su contacto.
"Respira", dice Cat.
Por la mañana, los tomates ya no están. Kathryn no recuerda habérselos comido.
* * *
No le sorprende encontrar a JimJim sentado en el autobús, esperando. La compulsión que la impulsa, sin duda, lo impulsa a él también. Avanza por el pasillo hasta la parte de atrás. Él se levanta y le señala el asiento junto a la ventana.
Dobla el periódico, ocultando la cara de Papá, y lo sostiene contra su regazo.
"Te perdiste una palabra", dice JimJim.
Ella intenta, nuevamente, leer todo el artículo, pero no puede. Se fija en la palabra de JimJim y no entiende cómo es que no la vio antes. Suicidio.
Viajan en silencio hasta la próxima estación.
Una mujer sube al autobús y avanza por el pasillo. Kathryn no puede mirarle la cara. La amplitud del estampado azul florido y el aroma sofocante de Shalimar son suficientes para provocarle un ataque de pánico.
"Respira", dice Cat.
"No es ella". Los dedos de JimJim revolotean contra su brazo como alas de mariposa.
Ni ella ni Cat le responden. Una vez confiaron en él, pero no saben si aún pueden hacerlo. Dondequiera que esté Papá ahora, JimJim se le adelantó por trece años, dos meses y catorce días.
* * *
Kathryn no ha visto a sus padres durante seis años, tres meses y trece días. JimJim y Cat son su familia.
Ella no sabe por qué JimJim es su amigo, pero está agradecida. Con su ayuda, ha aprendido a navegar entre las trampas de su nuevo hogar. Sabe que al Dr. Kasperle le gusta que lo llamen "Papá", a menos que haya visitantes importantes. Entonces, es "Dr. K." Ella aprende a hablar en silencio con Cat y a no mover los labios mientras lo hace. Aprende a escoger sus batallas. Aprende a comer tomates. Aprende que, a veces, seguir las reglas no es suficiente.
Cuando JimJim no está cerca, Cat le susurra recordatorios. Gracias a los dos, Kathryn consigue (generalmente, pero no siempre) mantenerse alejada de los problemas. No ha sido abofeteada, golpeada o reprendida durante un mes y cuatro días.
Papá irrumpe en la ducha. Las seis niñas no intentan cubrirse. En cambio, continúan lavándose el cabello con champú o restregando sus cuerpos. La limpieza es importante.
Kathryn sabe que todas, como ella, esperan no ser por quien él ha venido.
Él saca a Kathryn de la ducha y le da una bofetada en la cara húmeda.
"¡Zorra!"
Bofetada.
"¡Puta!"
Bofetada.
La acusa de hacer cosas sucias con ese sucio chico. Está hablando de JimJim, y ella espera que Papá no lo golpee también. JimJim ha recibido suficientes palizas por su culpa.
Mari se tapa la boca. Kathryn sabe que está tratando de no reír, y eso no la molesta. Mari no puede evitarlo. Ella se ríe cuando está enojada, asustada o triste. Si Mari se ríe, Papá volverá su atención hacia ella. Se ríe.
Kathryn grita y ahoga la risa de Mari.
Papá la tira al suelo.
"Estar loca ya es bastante malo", dice. “Si además de loca eres una puta, estarás encerrada toda tu vida. Asilo. Cárcel. Tú eliges." Se va.
Mari se ríe. Las otras chicas continúan con sus abluciones.
Sostenida sobre manos y rodillas, en el duro azulejo, Kathryn también se ríe.
Haría cosas sucias con JimJim en un instante, si él se lo permitiese. Pero JimJim solo quiere hacer cosas sucias con Henry, y Papá, el gran psicólogo, no lo ha descubierto. Ella espera que nunca lo haga.
* * *
Todos, estudiantes, maestros, auxiliares, amas de llaves, están reunidos en la sala común. Es tarde, pasada la hora habitual del apagado de luces.
En la televisión de pantalla grande, Papá está siendo entrevistado.
"La frialdad y el desinterés de los padres son las únicas causas de enfermedad mental y emocional en la infancia", dice.
“Pero, Dr. Kasperle, seguro que no. Muchos padres amorosos y atentos se encuentran buscando tratamiento para sus hijos... anormales."
“Lo consciente y lo subconsciente están separados. Los actos conscientes pueden intentar encubrir sentimientos más profundos, sentimientos que a veces, incluso, los padres desconocen. Los niños, sin embargo, son criaturas empáticas. Ven más allá de la superficie y perciben la frialdad y, a veces, incluso el odio, enterrados en su interior. Los destruye."
Kathryn no sabía que sus padres la odiaban hasta que Papá se lo dijo. Su incapacidad para sentirlo, su falta de empatía, es uno de sus muchos defectos. JimJim dice que el Papá miente. Cat está de acuerdo con JimJim.
Kathryn se pierde la siguiente pregunta del entrevistador, pero escucha la respuesta de Papá.
“En mi escuela, a estos niños dañados se les rodea de cosas hermosas. Sus necesidades se satisfacen con amabilidad y gracia. La corrección se realiza por medio de una guía suave. Reconstruimos sus personalidades y su autoestima desde cero. Aprenden que son amados y, de esa manera, aprenden a amar en retribución."
Además de la televisión, la risa de Mari es lo único que se escucha en la sala común.
"¿Y esto los cura?", dice el entrevistador.
“La mayoría de mis estudiantes llevan una vida plena como miembros productivos de la sociedad. Tengo una tasa de curación del ochenta y cinco por ciento".
"¿Y el otro quince por ciento?"
“Si el daño es demasiado profundo para ser reparado, los estudiantes pueden quedarse con nosotros. Estamos felices de proporcionarles un ambiente cálido y amoroso por el resto de sus vidas, si es necesario.”
"¡Imbécil!" JimJim se para y le grita a la pantalla. Mathilda y un ayudante musculoso se apresuran y lo agarran de los brazos.
"No escuchen esa mierda", grita, mientras lo arrastran fuera de la habitación.
"Estuvimos hoy con el estimado psicólogo Dr. Simon Kasperle, experto líder en trastornos mentales infantiles y director de la Escuela Ortogénica para Niños Van Bloch. Su último libro, 'El Alma Vacía: Falsos Padres y Niños Cambiantes', ya está disponible. Gracias por acompañarnos." La pantalla se oscurece.
JimJim no acude al desayuno. Solo los consuelos de Cat evitan que Kathryn tenga un colapso.
Durante el almuerzo, JimJim aparece, con un ojo hinchado. "Valió la pena", susurra.
* * *
Después de dos días, quince horas y cincuenta y dos minutos, el autobús llega a su destino. Están casi a tiempo.
Ella no sabe conducir, por lo que usa su teléfono para pedir que los lleven. Será costoso, pero justificable.
* * *
Papá anuncia un obsequio especial para los estudiantes. La familia Van Bloch ha comprado asientos de orquesta para una presentación matutina de El Cascanueces. Solo veinte serán elegidos para asistir.
"Los veinte más brillantes y destacados entre ustedes", dice Papá.
"Se refiere a aquellos en los que cree que puede confiar para no avergonzarlo", dice JimJim. "En otras palabras, yo no."
Papá no revela quienes irán. Escogerá el día de la presentación.
Todos exhiben su mejor comportamiento. Incluso más de lo habitual, intentan mantenerse fuera del camino de Papá y evitar su ira.
Todos menos JimJim. Él hace todo lo posible por irritar a Papá. Cuando llega el fin de semana, está cojeando.
"Tampoco deberías seguirle el juego", dice JimJim. "Es lo que quiere."
"Pero tengo muchas ganas de ir", dice Kathryn. Tiene un recuerdo borroso, de cuando era muy pequeña, antes de las pesadillas, de haber ido al teatro con sus padres. No puede recordar el ballet o los detalles, pero recuerda haber sido feliz.
JimJim sube sus apuestas. Cada vez que Papá parece notar a Kathryn, JimJim lo distrae.
"Ese noviecito tuyo está haciendo un espectáculo, otra vez", dice Mathilda.
"No es mi novio", dice Kathryn.
Cuando llega el día, todos los estudiantes mayores de diez años se reúnen en la sala común. Kathryn tiene dieciséis años, nueve meses y veintiocho días. Ha estado en la escuela durante ocho años, ocho meses y veintidós días.
Todos lucen pulcros y acicalados y visten sus mejores trajes. Incluso Mari se ha cepillado el cabello; pero, aunque su risita es suave, todavía es audible. Ella no es elegida. Kathryn lo es.
Kathryn está fascinada por el ballet. Imagina que es Clara. Que es el Hada del Azúcar de Ciruela. La Madre de Jengibre y todos sus hijos. Por primera vez en diez años, cero meses y un día, está completamente feliz.
Más tarde, fuera del teatro, no puede contenerse. Levanta los brazos sobre la cabeza, se para de puntillas y gira.
"Te meterás en problemas", susurra Cat.
A Kathryn no le importa. Baila.
"Deja eso, ahora", dice Mathilda.
Kathryn hace una pausa, se inclina en gesto de reverencia y sigue girando.
"Kathryn. ¿Crees que esto es apropiado?" Papá usa su voz pública. El gran hombre es afectuoso. Gentil. Amable.
Kathryn se ríe y baila. No se molesta en decirle, pero sí, cree que es completamente apropiado.
* * *
"¿Está segura de que es allí donde desea ir?", dice el conductor. "¿No era ese lugar un asilo de lunáticos o algo así?"
"Era una escuela", dice ella. "Y no hay problema. Me reuniré con alguien".
JimJim resopla.
"Lo que usted diga", dice el conductor.
Ella le da una buena propina.
Los terrenos están cubiertos de maleza, y la estatuilla que solía adornar el jardín delantero ha desaparecido. Las ventanas están tapiadas. La puerta principal está clausurada, con cadena y candado.
"Sé cómo entrar", dice JimJim.
Cat no dice nada.
* * *
Por una semana, tres días y doce horas, la escuela permanece en silencio. Todos saben lo que hizo Kathryn. Todos esperan. Papá no la perdonará por avergonzarlo públicamente.
"Deberíamos huir." JimJim está preocupado.
Kathryn niega con la cabeza. Está demasiado asustada para hablar.
Incluso Cat está en silencio.
En medio de la undécima noche, por primera vez en cinco años, nueve meses y tres días, Kathryn se despierta gritando.
Por la mañana, Papá le pide que se acerque. La deja sentada fuera de su oficina durante tres horas y quince minutos, exactamente.
"Respira", dice Cat, pero su voz suena diferente. Cat está tan asustada como Kathryn. Ninguna de las dos escucha a Papá abrir la puerta de su oficina.
"Vete", dice. "No tengo tiempo para ti, hoy". La puerta se cierra de golpe.
Al día siguiente, la deja esperando por tres horas y diecinueve minutos, antes de permitirle marcharse.
Al tercer día, son tres horas y cuarenta y siete minutos.
Al cuarto, no la convoca en absoluto.
Al quinto, le indica que pase de inmediato.
"Bailarás cuando te diga que bailes", le dice, y la envía lejos.
Kathryn se siente destrozada.
* * *
No es la primera que irrumpe en el edificio abandonado. Ve botellas vacías, latas de cerveza aplastadas, envoltorios de comida rápida, condones usados y más basura en el piso. Las pinturas han desaparecido de las paredes, reemplazadas por graffitis. Algunos son creativos. Algunos son hermosos. Quedan unos pocos muebles, todos volcados o rotos.
Se dirige a la oficina Papá.
* * *
"Tengo una triste noticia", anuncia Papá.
Henry está muerto, picado por abejas.
"Les tenía miedo a las abejas", dice JimJim. "Era alérgico a ellas."
Papá cree que la mayoría de las enfermedades, incluidas las alergias, son psicosomáticas. "La mente controla el cuerpo", dice. "La medicación es un placebo inútil."
Papá cree en enfrentar los miedos. "El miedo destruye la mente", dice. "Debes conquistarlo para estar sano."
"Me voy de aquí", dice JimJim.
Por la mañana, se ha ido. El personal prohíbe a los estudiantes hablar de ello, pero se corre la voz. JimJim se ha escapado.
Kathryn se siente desgarrada. Quiere que huya, que sea libre, pero pasadas seis horas y veintitrés minutos desde que descubrió su escape, ya lo extraña.
Dos policías lo traen de regreso y lo escoltan a la oficina de Papá.
Mientras se van, Kathryn escucha su conversación.
"No sé de qué se quejaba ese chico. Seguro que mis hijos no viven tan bien como se vive aquí."
"Tus hijos no están locos."
Como castigo, JimJim es encerrado en el armario de servicios públicos, fuera de la sala principal.
El primer día, golpea la puerta y grita. No ruega que lo dejen salir. Arremete contra Papá. Kathryn esconde su sonrisa.
El segundo día, está callado.
El tercer día, desbloquean el armario y abren la puerta.
JimJim ha hecho un nudo corredizo con sus jeans. Cuelga de un gancho en la pared.
"Escapó", dice Kathryn. "Es libre".
"Respira", susurra Cat.
* * *
El majestuoso escritorio de Papá sigue en pie. Su superficie, una vez brillante, está dañada por profundos cortes. La pintura que colgaba detrás ya no está. En su lugar, hay una nueva obra de arte. Este graffiti no fue hecho por extraños.
Papá es un fraude y Kasperle = Satanás son las declaraciones más amables. La mayoría son vulgares y usan las palabras que ella solía usar. Palabras que anhela gritar ahora, pero no puede. Papá se las arrebató a golpes.
En medio de toda la rabia y el odio, se destaca un pequeño corazón rojo. Algo, demasiado pequeño para distinguirlo desde donde ella se encuentra, está escrito en su interior.
"Léelo", dice JimJim.
Ella se acerca. Q.E.P.D. Mari
"Respira", dice Cat.
"¿Estás lista?", dice JimJim.
"¿Segura que quieres hacer esto?", dice Cat.
"Tengo que hacerlo", responde ella. "Tengo miedo."
* * *
Después de doce años, once meses y veinticuatro días, Kathryn deja la escuela. Está dentro del ochenta y cinco por ciento.
Sus padres están muertos. Un accidente de auto. Está sorprendida por el tamaño de su patrimonio y aún más sorprendida de que se lo hayan dejado todo a ella. Puede ir a donde quiera. Hacer lo que quiera. Ser lo que quiera.
Viaja por todo el país, tan lejos de Papá como puede. Encuentra un pequeño apartamento y se inscribe en las clases de la escuela comunitaria. No hace amigos. No los quiere, ni los necesita. Tiene a Cat.
Asiste al ballet tan a menudo como puede. Ve Petrushka ocho veces.
Se convierte en una experta investigadora. En línea, rastrea a Papá.
Él anuncia su retiro. El Dr. Kasperle dedicará su tiempo a la enseñanza y la escritura. Dos años, un mes y tres días después, la escuela cierra.
Papá escribe un nuevo libro, Niños Rescatados. Kathryn no lo lee. Sabe que aparecerá en él, y sabe que no se reconocerá a sí misma.
Ella nunca baila, pero come tomates todos los días.
* * *
Se oyen sirenas en la distancia, cada vez más alto, más cerca. Ha hecho lo que vino a hacer. La Escuela Ortogénica para Niños Van Bloch está envuelta en llamas.
"Tenemos que irnos, ahora", dice JimJim.
"Lo sé", dice ella.
"Respira", dice Cat.
Ha tardado veintiún años, ocho meses y quince días en darse cuenta de que la voz de Cat es la voz de su madre.
"Te amo", dice ella.
"Lo sé."
Al calor de las llamas, Kathryn levanta los brazos sobre la cabeza, se pone de puntillas y comienza a bailar.
Comentario del traductor:
El psicólogo estadounidense John Watson, uno de los fundadores de la escuela conductista, dijo una vez: “Dadme una docena de niños sanos, bien formados, para que los eduque, y yo me comprometo a elegir uno de ellos al azar y adiestrarlo para que se convierta en un especialista de cualquier tipo que yo pueda escoger (médico, abogado, artista, hombre de negocios e incluso mendigo o ladrón) prescindiendo de su talento, inclinaciones, tendencias, aptitudes, vocaciones y raza de sus antepasados.”
Watson y otros conductistas creían que la mente humana era una pizarra en blanco: las personas no nacían, se hacían. Con un correcto entrenamiento, cualquier niño podría ser "confeccionado" a la medida, según las especificaciones del educador. B. F. Skinner teorizó acerca del uso de las técnicas conductistas en la escala de pequeñas comunidades y programas educativos. Una serie de experimentos, a través de los años, han demostrado que Watson y Skinner, hasta cierto punto, tenían razón: gran parte de lo que somos ha sido "moldeado" por nuestro entorno, condicionado por nuestras experiencias, nuestra educación y nuestras interacciones sociales.
El conductismo, como filosofía, suele ser tomado con recelo. Lo sigue un aire de escepticismo e inquietud. Tanto, que han surgido mitos urbanos e historias espeluznantes a su alrededor: niños enloquecidos, suicidios, control mental, experimentos fallidos en animales y humanos. Esta reacción no es extraña. El conductismo ha sido una de las primeras corrientes en psicología que intentó desechar los conceptos dualistas del alma y la mente. Para el conductismo, no existe una mente inmaterial tomando las decisiones y controlando las acciones del cuerpo; todo es comportamiento, estímulo y respuesta, condicionamiento, interacción con el ambiente. La persona no es un alma consciente dándole órdenes al cuerpo; es una máquina que responde y se adapta a los estímulos de su entorno. No hay una mente tirando de los hilos de la marioneta; solo existe la marioneta, y unos hilos que se extienden hasta el infinito. La idea asusta y, aunque el conductismo radical es cosa del pasado, las nuevas teorías científicas de la mente y el comportamiento solo refuerzan una concepción materialista del ser humano. Los linderos entre la "persona" y la "cosa" se desdibujan cada día más.
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| "Dr. Glaxo", por Chris Mars. |
