Autor: Alex Patterson
Publicación Original: PseudoPod 624: Flash On The Borderlands XLV: Personal Narratives
Año: 2018
Traducción: José Luis Huerto Aguilar
Se veía casi como un hombre.
Lo suficiente como para no culpar a nadie por no darse cuenta. No se estaba escondiendo. Estaba sentado allí, con manos que apenas tocaban una taza de café caliente, en un día frío y brillante. Creo que estaba haciendo lo que a mí me gusta hacer; creo que estaba mirando a la gente. Viendo lo que podía llegar a saber sobre ellos.
No le dejé saber que lo había visto.
No sabía qué era él. Nunca se sabe exactamente lo que son. No hay un conjunto de reglas prácticas, como las que tienes en el cine; simplemente, algo que se parece a una persona, que hace algunas de las cosas que hace una persona. Algo que escoge a las personas. Que les hace algo terrible.
Esta cosa tenía un abrigo cálido y una gorra, y grandes y brillantes gafas de sol. Tenía orejas demasiado pequeñas y labios grandes, que lucían como si hubiesen sido picados por abejas. No creo que nadie más haya notado la línea de color gris pálido que recorría su larga nariz, a través de esos labios regordetes, desapareciendo en algún lugar debajo de la barbilla. Me imagino que esa línea es por donde se abre. Me imagino que hay dientes como uñas de gato a cada lado.
Casi había terminado mi bebida cuando me di cuenta de que no se había movido, no había bebido el tibio café frente a él. Aún mantenía las manos cerca, sin tocar la taza. Los dedos de esas grandes manos brillaban, regordetes como salchichas, las uñas romas y blancas en las puntas.
Tenía que terminar mi café antes de irme. Si me iba demasiado rápido o si le permitía saber que lo había visto, me seguiría. Intentaría hacerme algo. Y nunca se sabe exactamente lo que intentarán hacer. Cuando me fui, me puse el abrigo y recogí mi bolso, y no lo miré.
Fingí no verlo cuando me dirigió un asentimiento con la cabeza: el agradecimiento de una profesional por la cortesía de un profesional. Me hubiera sonrojado, si pudiera sonrojarme. El supo, todo el tiempo, que yo estaba allí.
Encontré una cafetería diferente y revisé mi maquillaje, antes de sentarme con una taza de té. Mi respiración era rápida. Él supo que estuve allí, todo el tiempo. Las otras cosas que he conocido, las cosas que parecen personas, no han sido particularmente amables. Pero esta cosa sabía lo que yo era. Sabía que yo sabía lo que él era. Y no trató de obligarme a salir, o de seguirme. Esta es una ciudad grande. Lo suficientemente grande, si somos inteligentes, para dos.
Fue difícil no sonreír. No puedo, por supuesto (sonreír me delata), pero ha pasado mucho tiempo desde que compartí mi territorio con un caballero tan cortés.
Comentario del traductor:
¿Qué hace que una persona sea una persona? ¿Tener la forma correcta del rostro, el número adecuado de dedos y órganos, los mismos hábitos alimentarios, las mismas percepciones del mundo y las mismas inclinaciones que todos los demás?
El relato de Alex Patterson nos muestra dos criaturas, "monstruos" en todo el sentido de la palabra, que exhiben, sin embargo, características que solo se encuentran (eso creemos, al menos) en las personas. La empatía que se intuye entre ambas criaturas, las nociones de cortesía y agradecimiento, el concepto de "caballerosidad", son aspectos que consideramos elementalmente humanos. ¿Pero, qué tan lejos está nuestra "humanidad" de los monstruos de la historia?
Estos monstruos que se mimetizan entre nosotros son, ante todo, depredadores altamente evolucionados; cazadores que se disfrazan como personas para observarlas sin ser detectados. ¿Qué tan diferentes somos? Nosotros también somos depredadores altamente evolucionados; de hecho, somos los mejores depredadores del planeta. Hemos sido capaces de llevar especies enteras a la extinción. Hemos devastado ecosistemas milenarios. Tenemos más de lo que necesitamos. Cada día, ejercemos la crueldad y la violencia sobre millones de criaturas menos afortunadas, para saciar no solo nuestro hambre, sino nuestros deseos y antojos.
En el fondo, lo que nos distingue de los monstruos del relato es que somos depredadores más exitosos. Ellos son seres solitarios, hostiles entre sí, territoriales; nosotros desarrollamos nuestra cooperatividad y convertimos al mundo en nuestro patio de recreo.
¿Qué hace que un monstruo sea un monstruo? Quizás, la mostruosidad es solo la humanidad viéndose al espejo, cuando se le cae el disfraz.
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| Mimetismo natural: una araña (abajo) "disfrazada" como una hormiga. |
