CORAZÓN DE ORO


Mi madre me dice que en Oriente practican kintsugi, el arte de reparar piezas de cerámica rotas llenando las grietas con laca dorada. Su relación más cercana con Japón es el sushi que comió una vez, antes de volverse vegana, pero cree que ocultar las grietas es una forma hermosa de hacer algo a partir de la nada. Le pregunto por qué cree que están ocultando algo. Ella me ignora y me pregunta si quiero llegara a ser algo, algún día.

Mi madre, la de los aceites esenciales y los suplementos herbales, me dice que estoy quebrada. Se lleva todas mis pastillas para que no envenenen mi cerebro. Sé que ella se preocupa por mi bienestar, de corazón. Cuando lloro en la oscuridad de la noche, ella me toma de la mano y me dice que todo mejorará pronto. Luego se va, y lloro hasta caer en un sueño espasmódico.

Mi madre me dice que beba. Sostiene una taza humeante, del tipo que usa para sus interminables tés y elíxires. Vierto el brebaje hirviente por mi garganta, deseando complacer, esperando saborear manzanilla con miel. Ásperos grumos de polvo hacen que me atragante. Toso y escupo un poco de la bebida en el suelo, donde chisporrotea en medio de la alfombra. Mi madre frunce el ceño. Me esfuerzo por sonreír y me termino la taza.

Mi madre, aplaudiendo del gusto, me dice que está funcionando. El líquido desgarra mis capilares y los llena de oro fundido. Mis venas brillan a través de mi piel blanca como delicada metalistería, y mis ojos insomnes e inyectados de sangre ahora resplandecen. Me admiro en el espejo, mientras el oro me quema de adentro hacia afuera. Se me hace difícil respirar. Sé que algo ha salido mal, pero...

Mi madre me dice que ahora soy hermosa.

Comentario del traductor:

Corazón de Oro (Heart of Gold) ganó el primer lugar en el Sexto Concurso de Microrrelatos organizado por PseudoPod, el popular podcast de horror. "La desgracia cunde multiforme en la tierra", sentenció Poe, y esa es una realidad que el relato de Lauren Ring expone magistralmente: La superstición (o, quizás, el afecto maternal deformado por ella) es solo el primer horror de la historia y el más superficial. El amor de la pequeña protagonista hacia su madre, manifiesto bajo la forma de una confianza inocente que linda con la devoción, se ve trastocado hacia el final, transformándose en miedo y dolor: el segundo de nuestros horrores.

Pero el horror cardinal es este: la niña, nos queda claro, está "quebrada", enferma, afligida por un mal que, aunque nunca se nombra, sugiere malformación corporal o, al menos, la presencia de "imperfecciones" físicas visibles. Como una cerámica rota, la niña yace cubierta de grietas que su madre se esfuerza por ocultar. Aquí radica el horror esencial (y la originalidad) del relato. La temática de "la cosa que no debe ser" es universal y perenne en las historias de horror sobrenatural: el cadáver que camina, el monstruo de la alcantarilla, el rostro en la ventana, la sombra atisbada por el rabillo del ojo, son ejemplos de "cosas que no deben ser" y que desencadenan instantánea repulsión y temor en el espectador. En el relato de Ring, la "cosa que no debe ser" es una inocente niña enferma y el espectador espantado, su propia madre. "Ella me ignora y me pregunta si quiero llegara a ser algo, algún día." Por su puesto, ante la mirada incrédula de su madre, la niña enferma no debe ser lo que es, no puede ser lo que es, debe dejar de ser. La deformidad final y la más dolorosa.