Autor: Donyae Coles
Publicación original: PseudoPod 743: Flash on the Borderlands LIV: Stage Three: The Bargain
Año: 2021
Traducción: José Luis Huerto Aguilar
"Algo no anda bien con el bebé'', le dijo Selah a la médico, una mujer blanca con cabello color canela que flotaba indómito alrededor de su cabeza, en contraste con el blanco de su bata de médico, el elemento central que volvía estéril la totalidad del consultorio.
Selah no sabía el nombre de la mujer. Era la séptima u octava que veía en sus treinta semanas de gestación. En cada visita al consultorio, el Centro de Salud de la Mujer, veía a un médico diferente. Lo mismo sucedía con todos los técnicos y enfermeras. No podía recordar sus nombres.
Pero sabía que les había dicho; les había estado diciendo, desde las primeras trémulas patadas, que algo andaba mal. Desde el momento en que ya no pudo ignorarlo. Cuando finalmente se obligó a sí misma a descifrar cómo hacer malabares con una cita médica, el trabajo y los niños. Algo no se sentía bien.
A veces pensaba que, si hubiera venido antes, las cosas habrían sido diferentes, pero sabía que estaba equivocada. Sabía que sería lo que tendría que ser desde el momento en que él le sonrió.
Ahora, fue la mujer del cabello revuelto quien sonrió, amplia y suave. Puso su mano sobre la mano mucho más oscura de Selah. "Es tu primer bebé. Está bien estar nerviosa. La mayoría de las nuevas mamás lo están. Aunque todo se ve bien. Todos tus laboratorios, el ultrasonido. Tú y tu bebé están perfectamente sanos."
"No soy una madre primeriza. Este es mi tercer bebé. Le digo que algo está mal", luchó contra su ira, se la tragó y la empujó hacia su centro. No podía dejarla salir, dejar que le pasara por encima a esta mujer blanca. Ella no la escucharía si lo hacía.
"¡Oh!", exclamó la doctora, tropezando con los dedos en busca de la tablet que contenía el historial de Selah. El gráfico que apenas había mirado. "¡Luces muy joven! No debí haber asumido...", dejó que las palabras se apagaran mientras miraba a través del sistema y hojeaba las notas. Su sonrisa cayó, se formó un pliegue en su frente. "Te has quejado mucho, pero", miró a Selah y luego, "No hay nada malo contigo o con el bebé. Te lo hemos dicho antes."
La voz de la mujer había cambiado. Se había vuelto áspera y Selah se tragó un suspiro, se obligó a mantener la calma. Ella también conocía este baile. "Lo sé, pero tal vez haya algo más que se pueda investigar. Ahora que estoy más avanzada. Es solo que... este bebé... no se siente bien. No me siento bien."
Los gestos de preocupación de nuevo, la mano de la mujer sobre su hombro. "Cada embarazo es diferente. ¿Estás descansando lo suficiente? Debe ser difícil con otros niños. ¿Tienes ayuda en casa?"
Cerró los ojos, dejó escapar el suspiro esta vez. "No. No he estado durmiendo. Tengo estos sueños, pesadillas. Me despiertan. No vivo con nadie."
"¿Acerca del bebé?", preguntó la mujer.
"No. Si. No lo sé. Hay fuego y este extraño sonido que casi parece un canto. Y tanto dolor..." Agarró la tela de sus leggings con los puños, abrumada por el recuerdo. No supo por qué se le dijo a la mujer, tenía que contárselo a alguien. Tenía que guardar la esperanza de que la escucharan.
"¿Dolor?", la doctora se puso en alerta, aferrándose a algo que podía entender, monitorear. "¿Estás adolorida?"
"No. No es eso. En la pesadilla, solo sé que hay dolor."
"¿Entonces tu bebé y tu cuerpo se sienten bien?"
Consideró reírse, pero se tragó la risa y la mandó junto con su ira. "No, en realidad no. Algo está mal. Cuando se mueve, simplemente está mal. Como si fuera demasiado grande."
"Las mujeres con diabetes gestacional a menudo tienen bebés más grandes, pero los hemos estado vigilando y..."
"No tengo diabetes. ¡Se lo estoy diciendo, algo está mal!", Selah apartó la mirada y se clavó las uñas en los muslos. No debería haber levantado la voz, no debería haber gritado. La mujer ya no la escucharía. Había perdido.
"Estás cansada. El estrés de un embarazo no planificado puede ser difícil de manejar sola. Te animo a que pidas ayuda a tu familia. Déjame que...", volvió a mirar la tablet y tomó nota, "...te ayude a conectarte con algunos servicios de salud mental. Te darán unos números para que los contactes al finalizar la consulta, ¿de acuerdo? No hay nada malo con el bebé."
“No fue no planificado. Yo no lo planeé, pero algo sí lo hizo", murmuró.
"¿Qué?", preguntó la médico, con la mano en la puerta.
"Nada, gracias", respondió ella.
La mujer se fue y el bebé en su interior se retorció y bailó de manera impropia contra las paredes de su útero. Cerró los ojos y vio fuego, sangre y dolor... y no había ningún bebé que sostener en sus brazos. Se tocó el vientre y ponderó si rezando más hubiera mantenido alejado al diablo.
Pero sabía que no hubiese importado. Sabía que Él la eligió porque todos pensaban que sus bebés, nacidos Negros y sin padre, ya estaban condenados. Nadie la escucharía implorar que éste realmente lo estaba.
Comentario del traductor:
El racismo sistémico en los servicios de salud puede inspirar historias escalofriantes, casi tanto como la realidad.
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| "Hide and Seek", de Pavel Tchelitchew |
