Autor: Nino Cipri
Publicación original: Fireside Magazine (marzo de 2017)
Año: 2017
Traducción: José Luis Huerto Aguilar
Tenía veintitrés años y estaba en mi hora de almuerzo cuando el hongo alienígena gigante floreció en el cielo sobre el lago Michigan. Estuve a punto de escupir mi Jugo Jamba cuando vi a Amanita, que se extendía sobre el horizonte de Chicago como un huevo de otro mundo, reventado sobre la planicie celestial.
En esos primeros días oscuros, muchos nos aferramos a cualquier cosa o cualquier persona que estuviera a nuestro alcance. Para algunos, fue un arsenal de armas; para mí, fue el subdirector de un Dick's Sporting Goods, quien compartió mi escondite en una tienda de donas mientras huíamos de la ciudad. Estuvimos un año en una cabaña remota en las Montañas Rocosas, antes de que rompiera con él. No me interesaba ser una esposa de búnker.
Regresé a la ciudad, lista para comenzar de nuevo. Chicago ha sobrevivido a cosas peores que unos hongos alienígenas. ¿Qué es un hongo flotante de otro mundo en comparación con el Incendio de Chicago, la Prohibición o Rahm Emmanuel? Una vez que quedó claro que Amanita estaba inactiva, se convirtió en otro lugar para llevar a los forasteros cuando estaban de visita, si no querías comprar entradas para el Museo Field. Nadie mira hacia arriba en las ciudades, excepto los turistas.
No había forma de escapar de Amanita, a pesar de la frialdad colectiva de la ciudad. Sus suaves pulsos de luz rosada y roja me despertaban como el amanecer y, de vez en cuando, cuando el viento soplaba, captaba su aroma: palomitas de maíz mezcladas con chicle, para mí. Me quedaba pasmada cuando mis amigos se quejaban de que olía a carne podrida.
No supe hasta más tarde por qué era diferente para mí: había sido elegida.
El primer síntoma fue un dolor de cabeza casi placentero. ¿Conoces el dolor en tus músculos después de una larga sesión de yoga? Era así, cálido y hormigueante y justo en el lado doloroso de lo bueno.
Tuve acné desde mi adolescencia y nunca desapareció por completo; especialmente, cuando los precios de los alimentos se dispararon después del pánico post-Amanita y no pude mantener mi Dieta Paleo habitual. Pero cuando el dolor de cabeza desapareció, noté que mi piel había sanado.
Luego, mis patrones de sueño se volvieron extraños. Siempre había dormido como una roca. Incluso durante los disturbios, no tuve problemas para cumplir mis ocho horas, a pesar de las explosiones, los gritos y las sirenas. Pero ahora despertaba de un sueño y me hallaba de pie frente a mi ventana: la ventana que daba al lago Michigan y Amanita flotando sobre él.
Si alguna vez has estado en una relación, reconocerás el sentimiento que estoy a punto de describir: cuando te despiertas en medio de la noche y, antes de recordar dónde estás o qué sucedió, buscas a tu amante al otro lado de la cama. Es lo que yo estaba haciendo, y Amanita nos había estado haciendo lo mismo a muchos. Estaba sola y se acercaba a mí, reconociendo mi propia soledad y apatía.
Estuve en negación durante semanas. Al menos, mientras estaba despierta. Cuando le conté a una compañera de trabajo sobre mi sonambulismo, ella se encogió de hombros. Cuando mencioné a Amanita, puso los ojos en blanco. "¿No leíste los informes del CDC? No hay efectos físicos adversos por vivir debajo del Hongo."
Mientras tanto, podía sentir a Amanita empujando el borde de mi conciencia. Cerraba los ojos y veía sus suaves y rosados pulsos de luz detrás de mis párpados. A veces, en el tren a casa después del trabajo, sentía que me estaba mirando, esperando que le devolviera la mirada.
Otros elegidos de Amanita comenzaron a reconocerme. El primer encuentro ocurrió en mi hora de almuerzo, ¡siempre en mi hora de almuerzo! Debo estar maldita. Un mensajero en bicicleta se salió de la fila en Chipotle y me dijo: "Ella nos llama." Cuando me quedé mirándolo, confundida, repitió: "Ella nos llama." Luego pasó por mi lado y, antes de que pudiera detenerlo, se subió a su bicicleta y echó a rodar calle abajo. Todo lo que quedó fue un leve olor a chicle y palomitas de maíz.
Sucedió unas cuantas veces más, pero mi negación simplemente se hizo más obstinada. Vivo en una ciudad, me dije a mí misma: siempre hay algunos bichos raros. Era solo una coincidencia que todos me dijeran lo mismo.
Todo eso cambió la noche en que desperté sobre mi techo.
Aclaremos una cosa: ni siquiera sabía que tenía acceso a mi techo. Simplemente desperté allí, descalza y todavía en pijama. Me dolía la cabeza otra vez y el dolor placentero se había extendido a todo mi cuerpo: un latido sordo que parecía coincidir con las luces tenues que emanaban de Amanita.
"¿Qué quieres?", me encontré susurrando.
"Ella te quiere", dijo una voz detrás de mí. El mensajero en bicicleta del Chipotle también estaba en el techo, a unos cuatro metros de distancia.
Estaba demasiado aturdida como para avergonzarme de que hubiera visto mis feos pijamas... Ahora podía sentir a Amanita de una manera en que no la había sentido antes, como un suave tirón en mi conciencia. Luces rosadas y olor a chicle y palomitas de maíz.
No divulgaré los detalles de lo que sucedió después. Si quieres averiguarlo, todo lo que tienes que hacer es abrirte a ella. Es posible que ya hayas sentido a Amanita, al despertar por la noche con el olor de algo maravilloso o un dolor generalizado que se disfruta.
Me siento muy bien por haber fusionado mi conciencia con Amanita. Me siento completa. Por fin encontré ese "algo más grande" que he estado buscando durante toda mi vida. Su nombre es Amanita, viene de algún lugar muy lejano y comprende la soledad. Por eso nos ha reunido: no solo a mí y a Doug, el mensajero en bicicleta, sino a cientos de nosotros. Tal vez, miles.
¿No puedes sentir su llamado? Te quiere a ti también.
Comentario del traductor:
Esta debe ser la historia con el título más extraño que he traducido hasta hoy. La obra de Nino Cipri, un autor muy interesante cuyo relato El Juego de los Desmayos traduje hace unos meses, está llena de personajes solitarios, quebrantados, extraños que no encajan en este mundo prosaico. Nuestra protagonista parece uno de esos "bichos raros" que buscan "algo más grande" por medio de rutinas de yoga, batidos saludables y regímenes dietéticos. En fin, el arquetípico "espiritual pero sin religión" que abunda cada vez más en nuestras ciudades. Amanita es la promesa de lo trascendental: el anhelado "crecimiento espiritual" que algunos encuentran en cultos, hermandades o sociedades místicas. No es coincidencia que el relato culmine con un estilo similar al de los panfletos religiosos. Al fin y al cabo, cualquier cosa es mejor que convertirse en una esposa de búnker.
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| "Hive Mind", de Miles Johnston |
