ABRAZOS GRATIS

Año: 2020

La mujer, por capricho, se ha embarcado en una caminata por bosques desconocidos, empujada por la repentina nostalgia de una infancia aventurera. Pronto, descubre que el arroyo que ha seguido para no perderse no es natural, sino la salida de un gran túnel de hormigón empotrado en una ladera; sin duda, es un conducto para el agua de lluvia que la ciudad cercana elimina.

Sobre la entrada, algún chistoso ha pintado con aerosol la frase "ABRAZOS GRATIS": un conocido meme online cobra vida. Una flecha se curva hacia abajo y hacia adentro, apuntando hacia la oscuridad; su trayectoria es ondulada y desigual, como si la hubiese dibujado una mano inestable.

Percibiendo la oportunidad de sumergirse realmente en el espíritu de la excursión, se acerca al túnel. Además de varias pulgadas de agua, su piso curvo está lleno de ramitas, barro, hojas muertas y montoncitos de basura. Donde el hormigón está agrietado, el musgo y los hongos han establecido su residencia.

Al ingresar, sus zapatos se estropean inmediatamente. Sin desanimarse, avanza, tanteando el camino con cuidado, mientras la entrada iluminada por el sol se reduce a un pequeño punto de luz.

El túnel gira y vuelve a girar, y ella se encuentra en una oscuridad perfecta. Se ve obligada a hacer una pausa y asimilar la plenitud de la experiencia.

Cuando llega el abrazo, sabe que debe resistir, debe gritar, alejarse, correr, cualquier cosa que no sea quedarse quieta y darle la bienvenida, pero no siente la necesidad de huir.

Es la apoteosis de los abrazos, envolviendo todo su cuerpo a la vez, aplicando la cantidad perfecta de presión en cada lugar: una firme calidez que rodea su cintura, yemas de dedos que acarician sus mejillas, labios y párpados, un profundo masaje en sus adoloridos pies, suaves roces en lugares más íntimos, sensual pero no vulgar.

El abrazo termina. No repentinamente, sino poco a poco, como si le permitiera acostumbrarse, una vez más, a su ausencia. Vuelve sobre sus pasos para descubrir que se acerca el anochecer y que la entrada del túnel es casi invisible. Cuando llega, finalmente, a su auto, ha caído la noche.

Cuando regresa, al día siguiente, se quita los zapatos en vez de sacrificar otro par. Caminar descalza sobre el barro y la grava no la detiene, ni la ocasional sensación de que algo vivo roza su empeine. Ella solo busca el abrazo y, cuando este llega, nota que las sensaciones no han disminuido por la familiaridad.

Al tercer día, llueve. Se desnuda en la entrada del túnel; aparentemente, para aliviar la incomodidad de la ropa empapada. Pero al cuarto y quinto día, el clima está despejado y, sin embargo, repite la práctica.

Al sexto día, el abrazo no llega. Solo está la vacía negrura.

Espera, espera y no se mueve y, cuando por fin intenta marcharse, descubre que no puede. No siente ni la puñalada del pánico ni la amargura de la resignación; comprende.

Pronto, ya no puede decir dónde termina su cuerpo y dónde comienza la oscuridad.

Espera, con los brazos abiertos.

Comentario del traductor:

"Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso." Son las palabras que Mateo puso en labios de Jesús. Si lo que habita en la oscuridad del túnel pudiera seducirnos con la voz, esas también serían sus palabras. La pérdida de la identidad es la pérdida de los anhelos, los temores, los odios y los afectos: el obsequio de la quietud y la paz. Y en perfecta quietud y paz Ella nos espera, con los brazos abiertos.

Zdzisław Beksiński